Los más pequeños de la casa invaden con su alegría, inocencia y sinceridad sin límites las calles de los pueblos y ciudades, esperando ansiosos la cabalgata. Los Reyes Magos reparten magia e ilusión, haciendo volar la imaginación de los niños y moviendo el corazón de los más grandes, volcando cariño en cada regalo, ideando una comida especial para finalizar estos días entrañables…

Si hay una noche mágica en Navidad es la noche de los Reyes Magos, los niños tienen un brillo especial en sus ojos porque hace días redactaron su carta y saben que está en manos de su Rey Mago preferido. Todo está preparado, los zapatos de toda la familia perfectamente colocados, junto al vaso de leche con el polvorón para que repongan fuerzas los de Oriente.

Al acostarse la emoción es inevitable, recibirán una grata visita que hará realidad, al menos, parte de sus sueños. A la mañana siguiente se desayuna con mucha alegría el riquísimo Roscón de Reyes y los mejores dulces artesanos, saboreando la magia del último día del período navideño y expectantes ante la sorpresa que podemos encontrar en su interior.

La magia viene de oriente

La tarde del 5 de enero los tres Reyes Magos con su séquito llegan por tierra, mar y aire a todos los pueblos y ciudades, donde desfilan por las calles en Cabalgatas llenas de magia, música y color; repartiendo sonrisas, caramelos y alegría entre los niños que les han ido a recibir llenos de emoción.

Las emociones se agolpan, pasando de una a otra sin apenas enterarnos, de la emoción inicial, a los nervios por abrir los paquetes, y de ahí a la alegría y felicidad al descubrir que hemos recibido lo que tanto ansiábamos. Y es que no lo vamos a negar pero tanto si somos adultos como niños los nervios nos afloran en la noche más mágica del año.